Entre coraje y maquillaje

Desde hace un buen tiempo las cosas se me han ido olvidando. Quiero pensar que esta falla no solo se debe a un TDA diagnosticado tardíamente sino también a la bola de nieve de información que nos sepulta diariamente en todos los medios, principalmente los digitales. La edad también es un factor. Bueno, los años de desvelo no han ayudado mucho.

Un amigo un día dijo algo muy cierto: “se me olvidó lo que me contaste porque seguramente me pareció poco interesante”. En su momento lo taché de insolente y descortés pero después de un momento de reflexión me pareció que, efectivamente, fue muy poco interesante. Eso mismo llevó a profundizar en ¿cómo es posible atraer la atención?, ¿cómo podemos retener esa tan anhelada atención de las personas sin perder el enfoque en lo que queremos contarles? ¿Nos encontramos en una posición de vulnerabilidad o de ventaja frente a nuestro espectador? Seguramente este “insolente amigo” y yo tenemos muy pocos intereses en común. Posiblemente sí soy muy aburrido, a lo mejor el TDA de él no le deja absorber lo que pasa por su mente, o no sé. 

Me parece que todo tiene que ver con dos aspectos importantes: el propósito y el cambio. Nuestra identidad (no solo la visual, sino la que define nuestra esencia) tiene que ver con estos dos elementos que podemos traducir en saber quiénes somos y cuál es nuestro propósito de vida. Y en definitiva, cómo somos y cómo nos vemos, y si en realidad somos coherentes entre estos dos elementos y cómo ese propósito logra generar un cambio real. Y para efectos de este texto y del mundo de las marcas los llamaremos coraje y maquillaje. 

De acuerdo con el siguiente relato, se cuenta que un hombre paseaba cabizbajo por las calles de una ciudad alemana. Su semblante era desalentador y penoso, su aspecto parecía el de un hombre de la calle sucio y desalineado. Un guardia de seguridad pensó que podría causar problemas a las personas que se congregaban en un parque cercano, por lo que se acercó a él y con una voz autoritaria y poco amigable le dijo: “¿quién es usted y qué hace aquí?”, a lo que el hombre, de nombre Arthur Schopenhauer, le respondió “eso quisiera saber yo, ¿quién soy y qué hago aquí?”. 

El problema de identidad hoy en día es que se confunde con las expresiones visuales y los elementos decorativos de una marca y nos olvidamos de que lo que nos da identidad (no solo visual, nuevamente) como organización es la reputación, el patrimonio y la posición que vamos construyendo día a día. Tiene que ver con la pregunta que se hizo el filósofo alemán “¿quién soy y qué hago aquí?”, y yo agregaría “¿cómo puedo causar un impacto que verdaderamente genere un cambio?”.

La respuesta a eso solo la encontramos en el camino, en los procesos, en el pensamiento analítico, en el conocimiento, en la estrategia, pero sobre todo en el ser humano, en la audiencia y en lo que realmente quieren y necesitan. Las marcas deben trabajar con el usuario en el centro, no debemos adivinar qué quieren, ya lo debemos saber antes de que lo pidan. 

En la construcción y la gestión de una marca, el concepto y el factor de cambio deben ser inherentes a ella, eso nos puede ayudar a caminar por el mundo con confianza y no ser sacudidos fácilmente. Por eso el riesgo más grande es no arriesgarse, cumplir con lineamientos tradicionales y que el miedo nos paralice a crear algo distinto.

En estos días de incertidumbre y hostilidad colectiva, es difícil entender las reacciones de las personas ante los distintos mensajes. El cambio de mentalidad y las emociones volátiles en las nuevas generaciones están impactando el movimiento de las marcas, por lo que a veces nos queremos “ir por la segura” para no arriesgar. 

Los anhelos y las ideas asustan. Pivotear y mudar nuestro actuar como marcas determina las posibilidades de éxito que puedan tener, sin embargo, una marca con coraje y menos maquillaje tendrá mejores herramientas para poner su propósito en un mejor destino. El coraje construye marcas auténticas, determinadas y libres, pero también mesuradas, prácticas y sanas. El maquillaje eventualmente se cae y deja ver la pálida realidad que pasa desapercibida. Una marca sin concepto que se arraiga a lo común empalidece. 

Termino con esta cita de George Bernard Shaw: “El hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable intenta adaptar el mundo a sí mismo. Así pues, el progreso depende del hombre irrazonable”.

Atraer la atención de la audiencia no solo es gritar para que te volteen a ver, se trata de proponer, de cambiar y de intercambiar valor, de borrar el maquillaje y caminar con coraje. De preguntarnos como marca ¿quién soy y qué hago aquí?

Adrián Allende

Happy Studio

CEO & Cofounder 

adrian@areyouhappy.mx

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